LA ZONA FANTASMA. 13 de noviembre de 2016. ‘Mayor que Lolita’

Me parece que varias generaciones, la de J. Marías es la siguiente a la de los que estuvimos en los movimientos estudiantiles en la universidad de Madrid (Complutense) en 1968. No obstante compartimos muchas cosas que encajan dentro del recinto que proporciona ser contemporáneos vecinos en edad, la mía es hoy de 74 años lo que permite mirar desde lo alto con cierta parsimonia y sonrisa de comprensión, y diría que de compartir valores y sentimientos. Julián Marías y Lolita son en realidad dos personajes amables y conocidos desde la distancia, entre bambalinas, de los años y a través de las lecturas. Sólo añadir aquí que su recuerdo por Lolita, su madre, nos invita a que hagamos parecidos análisis sobre las personas que nos precedieron y sobre el significado en cada cual del paso del tiempo que nos produce, sin querer, la aparición de un sabor salado que acompaña a la emoción personal.

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Llevaba tanto tiempo en contacto con Maite Nieto, que se encarga de recibir y revisar mis artículos, que cuando hace poco nos vimos las caras por primera vez, me creí en confianza y se me escaparon un par de comentarios personales. No tengo más que simpatía y agradecimiento hacia ella (como antes hacia Julia Luzán, que cuidó mis textos durante mi primera etapa), así que le hablé como si estuviéramos en una de nuestras charlas telefónicas y, en el reportaje que hizo para el número celebratorio de los cuarenta años de EPS, apareció el detalle de que acabo de cumplir sesenta y cinco y de que para mí es una edad “simbólica”, porque fue a la que murió mi madre. De modo que ya no hay por qué no hablar de ello. De hecho, a mi madre, Lolita, aún le faltaba una semana para cumplirla, ya que falleció el 24…

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Llevaba tanto tiempo en contacto con Maite Nieto, que se encarga de recibir y revisar mis artículos, que cuando hace poco nos vimos las caras por primera vez, me creí en confianza y se me escaparon un par de comentarios personales. No tengo más que simpatía y agradecimiento hacia ella (como antes hacia Julia Luzán, […]

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Espadaña sin campana

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Ermita Virgen del Carmen, Monte de Las Mercedes, Cruz del Carmen, La Laguna, Tenerife, Islas Canarias (Foto: Leandro Trujillo Casañas)

La ciudad de La Laguna está en un llano flanqueado por los montes de Las Mercedes y La Esperanza. Las aguas de los manantiales y escorrentías alimentaron la laguna hasta que el aumento de la población y el aprovechamiento del líquido elemento produjo la desaparición superficial del pequeño lago que ha continuado su vida subterránea. La Laguna tiene en Las Mercedes un tesoro muy cercano, fuente de muchos beneficios para la ciudad y para la isla. La visita a este monte que se prolonga en todo el Macizo de Anaga, nos concede generosamente los dones de una revitalización física y espiritual cuyos efectos producen siempre en nuestro ánimo un agradecido bienestar.

El Mocán, Los Realejos, meditación

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Los Realejos, Tenerife, desde El Mocán (Foto: L. Trujillo Casañas)

Hay un cementerio en lo alto de un declive, al amparo del Macizo de Tigayga. Es un pequeño camposanto que se apretuja en filas de nichos en un espacio en el que va quedando poco de los antiguos jardines. Es una despedida emocionada, aparecen en serie unos recuerdos, unas querencias hacia los seres que se van hacia la nada o permanecen mientras se retienen en la memoria.

Mirando desde El Mocán se destaca el perfil de Los Realejos, con el nombre en plural porque fueron dos, hace tiempo, antes del acuerdo de la unificación municipal en los años cincuenta, me parece. Los Realejos tiene historia grande y aporta mucho a Tenerife, es donde vió la luz Joseph de Viera y Clavijo (1731-1813), nuestro más destacado, inmenso, cronista.

La vinculación al sitio en el que se nace es algo inevitable, atávico. Estamos atados a la tierra mientras podemos caminar con nuestro cuerpo y nuestra historia a cuestas. Cuando las fuerzas se agotan y el complejo que llamamos  vida, que se incorporó en el nacimiento, se para para siempre sin aliento, se levanta en un vuelo hacia la nada, participando en una gran metamorfosis alojada en el globo terráqueo, como un eco que recorre en el caso de una isla, los manantiales entre cañaverales, las laderas, los horizontes azules de la lejanía, en definitiva, en el todo que llamamos nuestro mundo.

 

Anaga

Los incendios en los montes de Canarias

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Laderas de La Meseta, desde El Rejo, La Gomera (Foto: Leandro Trujillo Casañas)

Cuando llega el verano, muchos sentimos la angustia de que va a ocurrir una nueva catástrofe forestal. Las más recientes, es de suponer, las tenemos en la memoria bien grabadas, el desastre del monte primario de La Gomera, no hace mucho, y el de este año, otro más, en La Palma. Pero por lo que se desprende, nadie asume responsabilidades técnicas y políticas, en cada caso, las dos existen las dos se han dado. Nunca se oye que estos siniestros producen pérdidas millonarias en dinero y en calidad del habitat y la salud de los habitantes de Canarias. Se puede decir que esos desastres producen igual daño que verdaderos defalcos, son como robos de lo público ¿Por qué no se han demandado a los responsables del mal gobierno y del descuido y de la incompetencia demostradas? ¿Qué se está haciendo para remediar o al menos para ir curando los daños producidos en los diferentes sitios? ¿Quién se ocupa de organizar la prevención que es fundamental?

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The rearing horse statue of The Duke of Wellington in Edinburgh

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The Duke of Wellington monument in Edinburgh (Photo: Leandro Trujillo Casañas, June of 2015

#Edinburgh is a magic city, no one who visited it could forget the emotions received. We are convinced that the better way for visit any town is to live in it for some

Sir John Steel

days. We used to go to the popular places and try to living in the same way of the inhabitants. So, in this beautiful and interesting town we was living during ten unforgettable days. We took a little nice studio in the center of the New Town, in West End, and every day we normally went to a previously selected place. One day, we was walking along of Princess Street, and suddenly there was staying, in front of us, the magnificent statue of The Duke of Wellington on a rearing horse. It is a very special monument which has difficulties for be hidden, as it attracts the attention of everybody. This monument, whose unveiling was celebrated in 1852, is a work of the sculptor Sir John Steel (1804-1891). We liked  very much the place where it is sitting, in the most important and central artery, the Princess Street, just next and in front of the one of the most interesting buildings of the city, the Register House.

 

Edimburgo, una ciudad íntima

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Edinburgh, George Street and Charlotte Square (Photo: L. Trujillo Casañas)

A muchas personas les había oído elogiar la capital de Escocia «…preciosa, muy bonita…», entre otras frases. Cuando se llega a Edimburgo cuesta entender su mensaje inicial, mucho más difícil, con toda seguridad, es llegar a sus secretos, algo a lo que se llegaría mediante una prolongada convivencia. Podemos decir que una ciudad como ésta se suele comportar, diríamos, como esas personas que conoces por primera vez y que no puedes definirlas o interpretarlas debido a su hermetismo o, quizás, por su ensimismamiento y timidez. Pero esta singular ciudad, según entiendo, te va dando la mano y abriendo su espíritu de piedra a medida que la tratas, cuando poco a poco se va presentando su personalidad  y quedamos prendados de sus adornos, que son muchos.

Nos damos cuenta, no se si después de un tiempo, de que la ciudad tiene un núcleo antiguo y legendario sobre un altozano alrededor de una fortaleza allí establecida inicialmente. Esta parte de la ciudad es la más visitada y es obligado empezar por su famoso castillo The Castle of Edinburgh que en realidad es una ciudadela que encierra fortificaciones con almenas en sus murallas externas, pero también incluye residencias palaciegas y capillas. El entorno del castillo se desarrolla principalmente a partir de una calle principal, muy larga, que recibe el nombre de Royal Mile y tiene en sus extremos por un lado el castillo, y por otro, el palacio real. La Old Town, es el viejo núcleo urbano que se extiende sobre esta altura que le aislaba seguramente de los peligros de los ataques externos, y va a ir descendiendo por el declive, que es bastante pendiente, hasta alcanzar el llano en el que se encuentra la ciudad nueva, New Town, con su arquitectura de piedra y grandes ventanales clásicamente acristalados según el estilo georgiano, todo nos envuelve en un discurso limpio de calles y plazas ordenadas junto a jardines recoletos circulares o en semicírculo, esta parte del West End es en realidad el centro importante de la urbe, su ensanche y su parte vital.

La New Town se encuentra finalmente con el mar en la zona portuaria de Leith, dónde finaliza su recorrido el Water of Leight el río que atraviesa toda la ciudad, con un precioso y romántico ambiente marinero y con los muelles del puerto de Edimburgo. Todo el conjunto está armónicamente hilvanado, podríamos decir que todo lo que queda en la mente, después de una breve visita, es lo mismo que se retiene de una sinfonía. No cabe en este breve recuerdo lo que abarca esta ciudad y la impresión que nos deja en el ánimo cuando revivimos las sensaciones recibidas en nuestro recorrido rápido y sin el tiempo necesario para una más completa comprensión de esta bella e interesante ciudad.

Una higuera

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Ficus auriculata/MORACEA/Higuera del Himalaya/originaria del Asia tropical (Foto: L. Trujillo Casañas)

Ya lo he dicho en un escrito anterior, he vuelto al Botánico de Tenerife y la experiencia ha resultado ser gratificante. Es un sitio especial que despierta sensaciones íntimas insospechadas. Sabemos que guardamos muchas cosas en la memoria que reviven debido a las evocaciones que despiertan las sensaciones y experiencias. M. Proust, el formidable escritor francés, ha dejado en su prolongado recordar en su obra «En busca del tiempo perdido» maravillosos ejemplos de lo que decimos.

En mis recuerdos aparece una higuera amiga inolvidable a la que visitaba con frecuencia para sentirme en un mundo personal e íntimo dentro de lo que esto pueda significar en la mente de un niño. La luz a través de sus ramas y hojas llega al suelo repartida en puntos brillantes y en verano cuando hacía calor daba gusto sentir el fresco de la sombra que proyectaba. Pero era su fruta y su olor lo que más llegué a apreciar e intimar, se cargaba de higos color marrón surcados por venas blancas, coronados las más de las veces por una gota de savia transparente. Había que subir a sus ramas bajas que aguantaban bien mi peso que a esas edades no es muy grande, procuraba cogerlos uno a uno, respetando siempre la posibilidad de que el corte fuese limpio por el pedúnculo, de esa forma la apreciada fruta no se abría, permanecía entera y preciosa. En pleno verano la comida principal del día se centraba con frecuencia en los higos y las uvas acompañadas con gofio amasado, a mí me parecía un comida muy buena y me parece que también al resto de mis cinco hermanos y mis padres, algo de queso o de pescado y potaje podrían ser otras alternativas, pero la fruta en el verano reinaba en la mesa. Eran aquellos tiempos difíciles para muchas familias.

En el Botánico de Tenerife nos encontramos ante una higuera que nos pareció especial, con frutos no en donde suele ser lo esperado, sino en las ramas sólidas de su interior, como se puede ver en la foto. Para mis adentros ésta también era una higuera, como aquella higuera amiga de mis recuerdos.

 

El Botánico

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Palma canaria, Jardín Botánico de Tenerife, Puerto de La Cruz (Foto: L. Trujillo Casañas)

He vuelto al Botánico hace poco, después de mucho tiempo. Es un jardín apacible que  nos hace sentir mejor de ánimos. Recorriendo sus acogedores paseos uno llega a meditar y evocar, esto último, como se sabe, es reflejo, a pesar de las explicaciones de Proust uno siempre queda asombrado de que un estímulo nos devuelva antiguas sensaciones y recuerdos.

El jardín está bien cuidado por los jardineros, a los que se les ve en diferentes tareas de mantenimiento, es de alegría observar las mangas enviando mensajes de agua brillante a las plantas que lo agradecen. El pequeño estanque de la cabecera del parque reproduce en reflejos los alrededores, entre nenúfares y libélulas rojas, no las vimos de otros colores, que se posan aquí y allá con sus alas múltiples transparentes.

Sabemos algo del origen de este jardín que fue de aclimatación e ilustrado, no se por qué nos parece un refugio también para las personas, he llegado a un acuerdo con el Botánico y es que no dejaré pasar tanto tiempo para volver.

 

Una carretera

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Vía de enlace (TF-4) (Foto: L. Trujillo)

Toda la costa sur entre Santa Cruz y Candelaria, la considerábamos lejana, inaccesible, acantilada, cuando mirábamos hacia el mar desde los barrios altos de la ciudad, hace mucho tiempo.

El crecimiento urbano, alimentado por un desarrollismo que nos parece, mirando hacia atrás, desorbitado y dañino, y además siempre tenemos la sensación de que los habitantes, los usuarios de a pie, nunca hemos participado directamente en lo que va ocurriendo. Somos más bien elementos accesorios que pasan por la vida sorteando las dificultades diarias, y vamos de sorpresa en sorpresa, de forma particular cuando las cosas que nos imponen van llegando a ser realidad, en la práctica todo ha sido decidido por fuerzas que nos parecen ocultas y lejanas, pero permanentes, algo así como los molinos de viento de Don Quijote.

Toda un amplia zona de Santa Cruz, la que cabe dentro del polígono Hoya Fría-Regla-Galcerán, ha sufrido un cambio urbanístico muy rápido y sin precedentes, al tiempo que los planes municipales abrían la puerta a los derribos masivos en toda la ciudad y la aparición de una arquitectura poco respetuosa con la personalidad heredada.

Todo esto viene a cuento debido a las evocaciones que acudieron cuando recorría la vía de enlace entre la autopista del sur y la zona de La Hondura y el Lazareto convertido en Palmetum, quienes lo proyectaron tuvieron en cuenta varias cosas, acortar y diversificar la entrada por el sur hacia la zona nueva y portuaria de Santa Cruz, otra sería, nos parece, embolsar a la Refinería a la que se le ha sustraído producción y terrenos ocupados antaño.